Todo empezó cuando los físicos decidieron buscarlo. Los electrones, que son muy amigos de la partícula de Dios, le avisaron a tiempo de que iban a por él, y éste decidió ocultarse para evitar las preguntas incómodas que sabía que le harían los físicos.
Los investigadores probaron todo tipo de métodos científicos para encontrarlo: trampas con comida, pegatinas con glucosa y feromonas, "bosonas sexys"... pero nada daba resultado.
Hace unos años, a una persona inteligente, se le ocurrió hacer un acelerador de partículas sin esquinas, para que no tuviera donde esconderse.
Después, le taparon los ojos a un electrón, para que se equivocara y fuera en sentido contrario en el acelerador, por lo que chocó con un quark y, tras la colisión, quedó expuesto el Boson de Higgs que, esta vez, no tuvo donde esconderse.
Es por eso que hoy podemos leer en cualquier revista científica (como esta) que se han descubierto pruebas de su existencia.
Los físicos aseguraron a la prensa hace tan solo unas horas que: "el bosón no es tan bonito como esperábamos".


